¿Reforma horaria en Cataluña? Estado de la cuestión

Quizás se trate de ir introduciendo de forma gradual y progresiva determinados cambios en aquellos sectores de la sociedad que lo permitan con más facilidad, e ir viendo las ventajas y los inconvenientes que se derivan, para así seguir extendiendo e implantando la medida con carácter normativo.”

Afirman algunos expertos que el sistema de horario laboral en España (siendo paradigmática la jornada partida con dos horas de descanso para comer), herencia de la era industrial y consolidada durante la época preconstitucional, deriva en serios problemas de salud (pocas horas de sueño, alimentación a horarios impropios) y de tipo social-laboral (bajada de la producción y la eficiencia laboral en relación con la subida del absentismo y el presencialismo, aumento de las desigualdades de género en el trabajo, bajada de la natalidad, carencia de tiempo familiar y personal para el ocio, la cultura y el activismo político y social, etc.), cuestiones que se encuentran en los fundamentos de una sociedad sana, culta, eficiente, crítica, y, en definitiva, próspera.

Con la voluntad de erradicar esta problemática, en 2.013 nació la Iniciativa para la Reforma Horaria en Cataluña, enmarcada en los objetivos de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (arts. 15, 30 y 31, referentes a la libertad profesional y al derecho al trabajo, las condiciones de trabajo justas y equitativas, y el equilibrio entre vida familiar y profesional) y esgrimiendo como pilares básicos la salud pública y la eficiencia laboral. En el año 2.014 esta iniciativa obtuvo el apoyo institucional de la Generalitat de Cataluña, que constituyó un Consejo Asesor para redactar un proyecto de ley que tenía que ser aprobado de cara al mes de septiembre de 2.017.

Sin embargo, el Parlamento ha puesto freno a su tramitación (ante, se dice, el recelo ocasionado en diferentes sectores económicos) y, a cambio, el Consejo Asesor ha presentado hace pocos meses su propuesta para llegar a un Pacto Nacional entre todos los sectores socio-económicos del país.

Esto nos invita a hacer algunas reflexiones sobre la cuestión:

  1.  Es lógico pensar que para algunas personas esta rebaja de planteamiento (pasar de la tramitación de una Ley de cumplimiento obligatorio, a un mero documento programático pleno de buenas intenciones) genera un legítimo desencanto.
  2. También hay que comprender que un cambio en las bases de organización de la sociedad, que afecta directamente a la vida cotidiana de toda la colectividad, despierte inquietudes entre algunas personas. Siempre cualquier cambio sustancial en las organizaciones (países, empresas, familias) es vivido por una parte de las personas implicadas con cautelas por las incertidumbres que puede provocar.
  3. Son las posiciones contrapuestas que aparecen en el debate (piénsese por ejemplo en las diferentes visiones que tendrán del fenómeno los propietarios de un establecimiento comercial, las personas que trabajan en dicho establecimiento de cara al público, y la posible clientela) las que han provocado que el proyecto de ley debatido los últimos meses tampoco cumpla los requisitos necesarios para conseguir una reforma horaria en Cataluña real y efectiva: la iniciativa legislativa se centra en la regulación de los horarios en el sector de la Administración Pública, de la educación, de los comercios, de la cultura y el deporte, y del ocio. Pero deja en manos de la voluntad de la empresa privada y de los sindicatos la regulación de los horarios laborales a la empresa privada, que sólo será posible por medio de la modificación de los convenios colectivos de cada profesión.

Esta carencia de intervención normativa en el sector privado podría hacer pensar en la inviabilidad de cualquier iniciativa de reforma horaria seria, puesto que una parte importante de la sociedad quedaría excluida y, por lo tanto, el rompecabezas quedaría incompleto: en definitiva, sin la implicación del sector privado el cambio real en la forma de organizar la sociedad en general (que es el que se busca) no llegará.

Aun así, quizás se trate de ir introduciendo de forma gradual y progresiva determinados cambios en aquellos sectores de la sociedad que lo permitan con más facilidad, e ir viendo las ventajas y los inconvenientes que se derivan, para así seguir extendiendo e implantando la medida con carácter normativo de tal forma que sea beneficiosa para el máximo número de personas (puesto que es evidente que nunca, ni la situación actual, ni la futura -sea cual sea-, será en ningún caso del agrado de todo el mundo).

A todo esto, no podemos dejar de tener presentes la tendencia a la implantación de la inteligencia artificial en la sociedad (trabajo, hogares, servicios), y las nuevas formas de satisfacción de las necesidades de la población que permiten hoy las nuevas tecnologías (redes sociales, compras online…); estos serán otros factores que incidirán (e inciden ya) en nuestros horarios personales, familiares, sociales y laborales.

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